lunes, 24 de enero de 2011

AMAR NO ES SOMETERSE

El amor es un sentimiento diferente al enamoramiento. El enamoramiento lo definimos como un estado tal de obnubilación que bien puede parecerse a la paranoia, pues durante la fase del enamoramiento ( suele durar entre dos y tres meses ), las personas llegan a padecer auténticos cambios en la personalidad: son capaces de tomar decisiones precipitadas, viven en un estado de delirio placentero todo el día y son capaces de realizar acciones inverosímiles que en un estado normal jamás harían. Afortunadamente esta especie de delirio desaparece cuando los enamorados comienzan a conocerse. A partir de este momento una pareja puede separarse o dar inicil al sentimiento del amor, que se basa en amar al otro para sentirle cercano y conocido. Es cierto que el amor produce un estado placentero pero sobre todo de seguridad en uno mismo que depende de la relación con la otra persona. De hecho, cuando las personas se sienten queridas, van por el mundo mas seguras y son capaces de vencer los obstáculos de una manera más resolutiva. Sin embargo, personas que no han conocido el amor, puede llegar a ser tal el bienestar que sienten que pueden llegar al sometimiento con tal de no perder ese goce que da el sentirse amado, fuente de la seguridad personal. La servidumbre amorosa, como la llamaba Sigmund Freud ( el padre del psicoanálisis ) tiene su fundamento en un agradecimiento inconsciente y a la vez de servidumbre hacia el otro por haberle hecho experimentar tan agradable vitalidad. El psicoanálisis viene a estudiar que siempre que hay amor, aparece la ambivalencia afectiva, de manera que amor y odio, se complementan. Las personas pueden amarse y odiarse simultáneamente ya que no es fácil reconocer que el otro es parte de la felicidad de uno mismo. Aquí se pone en juego el narcisismo que es una especie de soberbia, de la se observa mucho en las personas, que impide aceptar el goce que nos da el otro. Amar no es someterse porque el sometimiento es para someter tambien al otro. El que se somete somete al otro con su sometimiento y esto es causa de ambivalencias afectivas donde amor y odio se complementan. De ahí que la mayoría de los casos de violencia doméstica, sean crímenes pasiones ( como bien dicen los profesiones del derecho y del psicoanálisis )

domingo, 9 de enero de 2011

HOMBRES DE MORAL SEXUAL REPRESIVA

Determinadas parejas acuden a consulta refiriendo ser la mujer la que rechaza el sexo y el contacto sexual. La figura masculina suele sentir frustración, ansiedad y malestar frente a los contínuos rechazos por parte de la mujer. El psicoanálisis viene a estudiar la moral de estas parejas y obtiene datos muy interesantes. Este tipo de parejas, tanto él como ella, tiene una moral sexual cultural represiva que les hace rechazar todo aquello que desean pero que les perturba justo por ser del orden del goce y del placer. Este tipo de hombres y mujeres se educaron bajo una moral donde la genitalidad era para uso exclusivo de la reproducción. Concebir el cuerpo como goce, es algo que provoca malestar significativo a las parejas, en las cuales, el hombre goza mas de lo que no tiene que de lo que tiene y la mujer goca más postergando que satisfaciendo de manera inmediata. Este tipo de mujeres aman a su pareja y son capaces de sofocar su pasión interna disfrazándola de amor. El hombre, frente a la posibilidad de verla gozar a ella, se asusta y ejerce una labor represiva sobre el deseo de ella, para que así sucumba el deseo y busque otras salidas bien en la realidad ( prostitución ) o en el onanismo ( masturbación ) mediante fantasías. Por lo tanto, si sumamos la moral represiva en la mujer, donde ella misma es capaz de sentir temor frente a su capacidad orgásmica junto a la moral represiva del hombre, donde su capacidad de goce no alcanzará nunca el goce del que ella si puede llegar a obtener, tenemos la típica pareja donde ella nunca quiere y él siempre quiere. En el fondo, todo es un disfraz porque ella, en la intimidad y amándolo a él es capaz de decir no a su moral para no perturbar el deseo de él y él frente al goce de ella, se queda perturbado y prefiere pensarla a ella como negadora del deseo antes que aceptar que goza más con ella en la fantasía ( siempre de goce limitado ) que en la realidad.