domingo, 23 de mayo de 2010

CRISIS DE LOS CUARENTA

Podemos hablar de una verdadera crisis de personalidad en el hombre con la llegada a los cuarenta años. Hasta los cuarenta, la vida se vive sin tiempo, es decir, las personas pueden “ permitirse” perder el tiempo, ya que es algo inconsciente que no se da uno cuenta hasta que con el cambio de década, una alarma suena en el interior y pone a la persona en sobre aviso. Con la entrada en los cuarenta, el hombre se da cuenta que su vida avanza, que está mas cerca de los cincuenta que de los treinta y lo que no realice en los próximos diez años puede condicionar negativamente los diez siguientes. Como el hombre no puede imaginarse un ideal de porvenir, tiende a creer que para cambiar tiene que cambiar de pareja, de vida, de trabajo y de sexualidad. De ahí que muchos hombres con la entrada en los cuarenta, se separan, se apuntan a un gimnasio, ligan por internet y quieren vivir como veinteañeros. Grave error. La vida es un no volver a atrás. Sólo se puede continuar adelante y lo que se perdió no se puede recuperar. Se puede vivir de otra manera pero querer vivir lo no vivido, desprenderse de la moral que lo mantuvo en esa forma de vida es querer estropear más que solucionar. La década de los cuarenta es una década maravillosa para todo hombre si aprende a vivirla y para ello, el psicoanálisis enseña cómo hacerlo. No se puede cambiar de vida porque siempre se vuelve a lo conocido. ¿De qué sirve abandonar a la pareja, si al final acabarás con otra?¿ Todos los problemas de un hombre de cuarenta se reducen a ligar mas con chicas jóvenes y guapas? Esto es reducir mucho el tema. La crisis de los cuarenta tiene que ver con inseguridades del hombre que no resolvió cuando tenía veinte y treinta y que las va a seguir teniendo si no cambia su manera de pensar. ¿ De qué sirve cambiar de escenario si siempre se es el mismo actor? No sirve de nada, es volver a repetir. Por eso que ante una crisis de pareja ocasionada por el cambio de década o edad, se debe acudir a un psicoanalista para reforzar los aspectos inseguros de la personalidad.

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