Llega a consulta una pareja joven. La mujer llorando expone que es
la tercera vez que le es infiel a su marido. Las anteriores veces fue perdona
pero esta última vez ha sido con alguien conocido. Ella reconoce tener un
problema pero no sabe cual. El hombre no entiende cómo ella teniendo todo,
acaba por tener relaciones con terceros. La impresión visual que producen llama
poderosamente la atención. El marido es callado, sumiso, obediente a todo. Su
apariencia es la de un niño. La apariencia de ella es fuerte, siempre se hizo
cargo de todo y tiene afán de controlar y ejercer su mandato también sobre el
marido. Tienen un hijo común. Se puede apreciar que ella lo maneja a él y si
llora es por hallarse bajo un penoso sentimiento de culpa mas que por haberle
sido infiel a él pues si no hubiera sido descubierta por él, ella habría estado
tranquila. El marido se sorprende de la frialdad de la mujer. ¿Cómo puede venir de acostarse con un hombre
y a continuación acostarse con él.? La respuesta guarda relación con el deseo.
La mujer ama al marido pero no le produce tanto deseo como otros hombres. El
marido es blando, aniñado, le falta energía. Los hombres con los cuales ella
mantuvo relaciones son hombre enérgicos, decididos que no se andan con
contemplaciones como si el marido. La vida sexual la mantiene con terceros y de
vez en cuando con el marido, con quien mantiene su vida amorosa. Si él la
perdona es porque ella para él ocupa una posición maternal. La mujer decide
tratarse para hallar la raíz de lo que dice ser su problema. Sin embargo, ella
termina llevándoselo a él un fin de semana fuera, lo calma y de esta manera todo
vuelve a la tranquilidad, hasta la próxima infidelidad que ambos no saben que
va a volver a suceder pero será certera. En las dos sesiones que tuvieron se
puedo ver un complejo materno filial
dentro de la pareja, donde el deseo de ella hacia el marido brillaba por
su ausencia. La culpa que la mujer experimenta es por su moral represiva pues
algo de su deseos no tolera porque pone todas las pistas para ser descubierta.
domingo, 14 de septiembre de 2014
domingo, 24 de agosto de 2014
QUEREMOS SEPARARNOS PERO NO PODEMOS
Acude a consulta una pareja. Llevan juntos toda la vida. Ella
nunca conoció hombre ninguno que no fuera él y él no conoció mujer alguna salvo
ella. Desde hace dos años, viven en permanente discusión. Están insultándose
todo el día. El plantea la separación. Llegan a divorciarse y aunque hay
distancia entre ellos, no pueden separarse. Él sostiene la neurosis de ella por
culpa y ella le da lo que él la pide. Hay una situación de por medio que no
logra cerrarse. No llegan a acuerdos ni en la educación de los hijos ni en la
parte económica. El discurso de los dos es idéntico. Otros especialistas dicen
que cada uno se mantiene en su postura pero el psicoanálisis detecta otra
cosas: ambos mantienen la misma postura para que siga habiendo relación entre
ellos. La separación podría haber sido rápida pero la unión entre ellos muestra
que son dos en uno. Veinticinco años de relación son una construcción que no
puede deshacerse ni en uno ni en dos años. Ella quiere terminar y él también
pero ninguno de los dos puede abandonar la relación que tanto dolor les ha
dado. Cada uno maltrata de si la parte
que ve en el otro. Como un juego de espejos, donde lo que veo en el otro es lo
que soy. Nadie puede intervenir sobre dicha separación porque les es muy
difícil separar en dos lo que es uno solo. Ambos insisten en terminar con la
situación. Sin embargo la insistencia del odio, del rencor hace sospechar que
tras sentimientos tan agrandados es que algo no se quiere abandonar. Ella no
tiene poder, él se lo otorga. El no tiene poder, ella se lo da. Ninguno está
dispuesto a ceder en el goce cuyo dolor lo produce la relación de los dos. Una
mujer así, un hombre así, construidos año tras año, son difíciles de
reemplazar, de ahí que ninguno pueda apartarse de su obra creada. La pregunta
es hasta donde quieren llegar.? Un mas allá del dolor para seguir manteniendo
el dolor. Un alargar la agonía para embargar los próximos años en una fuente de
dolor permanente que les siga proporcionando ese goce. ¿Destrucción? Ante los
ojos de cualquier especialista se hablaría de maltrato, de ruina. Sin embargo,
el inconsciente de las personas, no piensa, no juzga, no calcula. Nadie puede
comprender que lo que él dice querer dejar lo que sigue desando y ella dice no
querer perder lo que tanto odia. Una lectura psicoanalítica, permite el
entendimiento de las crisis de pareja desde otra perspectiva, la perspectiva
inconsciente, donde lo más absurdo, loco o inverosímil, es del orden de lo
posible.
domingo, 27 de julio de 2014
LA AGRESIVIDAD EN LAS PAREJAS
“Llega
a consulta una pareja. Llevan juntos casi dos años. Han entrado en una profunda
crisis y se plantean la separación por los niveles de agresividad a los cuales
han llegado. Ella refiere que él la contradice en todo y él dice que ella trata
de imponer siempre su razón. Llegan a discutir por lo más vano. Hasta el modo
en dejar un vaso sobre la mesa sirve para producir una discusión. Después de
llegar incluso a empujarse, terminan calmándose. Ella llora y él no comprende
por qué han llegado a esta situación.
En
la primera entrevista con la mujer, comenta que él viene de una separación y piensa
que eso siempre ha influenciado en la relación, porque cree que él la compara
siempre a ella con su exmujer. El chico comenta que quien empieza las
discusiones siempre es ella y no entiende cómo acaba discutiendo si él no
quiere discutir pero que ella pone el “capote” y él “entra al trapo”
La
mujer relata que con el padre y sus dos hermanos siempre ha tenido
enfrentamientos, que son machistas y siempre han tratado de imponerse a ella y
que desde muy pequeña tuvo que callarse y aguantar el modo en que trataban a
ella, a su hermana y a su madre. Dice que no quiere que su futuro marido se la
imponga y por eso salta a la mínima. Sin embargo, el psicoanalista escucha que
en algo ella defiende la posición del padre y de los hermanos pero no lo sabe.
De manera inconsciente busca la pelea, el sometimiento para revivir lo que en
un momento dado le dio un goce masoquista pero no lo sabe. Ella produce
agresividad en la pareja para reproducir de un modo inconsciente aquello que
vivió sin saber que vuelve a repetir. Sin saber que repite.
Le
señalo si no habrá envidia a la figura masculina. Comienza a molestarse conmigo
y empieza a discutir en consulta del
mismo modo como discute con el marido, con el padre y los hermanos. Le
comento que es algo que le pasa con la figura de los hombres cuando empiezan a
ser importantes para ella.
Hay
por lo tanto un incipiente masoquismo moral que le hace atentar contra lo que
ama y simultáneamente recibir un castigo por la culpa que siente pero ella no
lo sabe.
El
marido no puede entender qué le lleva a ella a querer enfrentarse a él
permanentemente. Reconoce que le pasa igual con los hombres de su familia. Y
sigue sin saber porque acaba entrando a lo que “ella le pide” pero él acaba
agrediéndole. La pone la horma a su zapato. El de un modo inconsciente le da lo
que ella le pide, porque la ama aunque luego se arrepienta.
Hay
una lucha de egos, ella siente vive con cuatro hombres- su marido y sus tres
fantasmas infantiles- . Pero él no tampoco sabe que frente a ella es un hombre
rivalizando. Es una relación de espejo. Para ella, son cuatro hombres, para él
es un hombre. Digamos que su agresividad se impone porque tratan de ser para el
otro lo contrario de lo que deberían ser. Son más una pareja de homosexuales
que de heterosexuales. Ser diferentes, aceptar que ella no es él y que él no es
los otros les enfrentaría hacia las diferencias sexuales, por lo tanto
entrarían en el registro de la heterosexualidad, por lo tanto de la mortalidad.
Un más allá de su familia, un más allá de lo eterno a lo que ambicionan ambos
pero que no les sirve a ninguno de los dos.
Lo
que no toleran es ser hombre y mujer que es lo que verdaderamente produce
agresividad.
Una
mujer-hombre, se enfrenta a la intención del otro hombre-hombre en la
comunicación verbal.
En
la pareja la agresividad se desencadena
1.-
Frente a la imagen del otro. El otro hace de matriz reflexiva, muestra un
recuerdo, una frase, lo que llamamos un fantasma afectivo y desde ahí se
dispara la agresividad con ánimo de eliminar lo que de mi, él otro es mi reflejo. Veo réplicas de mí
mismo. Y de ahí lo rechaza, lo quiere agredir, lo que es imagen de sí mismo.
2.-
Frente a la envidia masculina en ella.
3.-
Cuando la imagen del otro es un recuerdo de lo que fui, de lo que soy, del
padre o de la madre nutriz.
4.-
Frente a los celos que supone la imagen de no completud del otro, es decir, su
no pertenencia.
5.-
Frente al narcisismo de las pequeñas diferencias.- las correcciones, las
opiniones, la falta de humildad, la aceptación del error, etc-
6.-
Frente al narcisismo de no reconocer el bien o el goce que el otro me
proporciona. Es del orden de la no aceptación. De la ingratitud.
7.-
Agresividad con darle una posición al otro tanto a la hora de someter como la
de ser sometido. Son las relaciones del orden del sadismo y masoquismo. De la
dominancia y de la dominación.
lunes, 30 de junio de 2014
domingo, 29 de junio de 2014
TU FAMILIA O YO. Terapia de Pareja
“Tu familia o yo”. Esta
disyuntiva lleva a que muchas parejas ( 7 de cada 10 ) acudan a terapia bien
individual o conjuntamente porque se ha producido un conflicto donde un miembro
de la pareja se haya en la disyuntiva de tomar esta decisión.
Este planteamiento es
equivocado porque en cuestiones de pareja y familia, no debe proponerse una
alternativa tan agresiva. En primer lugar, hay que analizar los lazos
emocionales que se tienen con la familia y con la pareja pero nunca
compararlos.
La pareja, la familia,
el trabajo, los amigos, deben ser sumas en la vida de cualquier persona. Elegir
a la pareja “o” a la familia no es la solución, se debe elegir a la pareja “y”
a la familia. Cuando una persona no sabe relacionarse con la familia y con la
pareja debido a conflictos emocionales inconsciente o bien a que no sabe poner
límites, suele ser causa de desequilibrio dentro de la pareja. Para ello, debe
trabajarse el carácter inconsciente de la personalidad y ver dicha incapacidad
tanto para la falta de límites como para poder incluir en la vida psíquica la
vida de pareja sin tener que terminar con la vida de familia.
Son sumas pero con
límites. Sucede que no siempre se sabe o aún sabiéndolo, ciertos afectos como
la culpa inconsciente puede hacer creer a la persona que diferenciar a la
pareja de la familia, es abandonar a la pareja o a la familia. Y no es así.
Estos aspectos de la personalidad deben ser trabajados desde el psicoanálisis
para entender cómo ciertos inconscientes infantiles pueden estar interviniendo
en la vida del adulto. Podemos hacer también la lectura contraria: cuando una
persona no puede sumar pareja y familia, es porque está más cerca de una
sexualidad infantil familiar que de una sexualidad adulta de pareja. Este tipo
de trastornos, se curan con psicoanálisis. asa o a la familia. Y no
esa asia. Y no esa aste puede hacer creer a la persona que diferenciar a la
pareja de la familia, es a as
domingo, 22 de junio de 2014
¿Por que rivalizan las parejas?
Llama
poderosamente la atención la enorme rivalidad con que algunas parejas muestran
en su relación. Dicha rivalidad les lleva a discutir por lo más nimio y absurdo
hasta el punto de llegar a separarse. Sin embargo, tanto ella como él, tras
romper, cuando conocen a toda persona terminan reproduciendo el mismo modelo de
relación que la anteriormente terminada.
Entrando
en los aspectos inconsciente de este tipo de rivalidad, tenemos que analizar
separadamente en el hombre y en la mujer los factores que determinan dicha
pelea o rivalidad.
En
el hombre, la rivalidad con respecto a la mujer tiene varias causas. Hoy
comentaremos una de ellas y guarda relación
con una envidia inconsciente femenina hacia la mujer. Esto quiere decir
que el hombre por circunstancias inconscientes que habrían de ser determinadas
y estudiadas, rivaliza con la mujer porque de un modo inconsciente desearía ser
como ella. Esta incapacidad por parte del hombre, le lleva a considerar a la
mujer como un ser superior. Modelo de identificación inalcanzable que le genera
como toda envidia, un sentimiento de agresividad y rebeldía hacia la mujer.
En
la mujer, la rivalidad hacia el hombre suele estar determinada por varios
aspectos. Uno de ellos es la envidia masculina, es decir, hacia el hombre. Ella desearía haber sido un
hombre por la existencia de factores inconscientes que habrían de ser
determinados durante su desarrollo sexual y al no poder equivalarse al hombre, entra en rivalidad directa con él.
Tanto la rivalidad masculina como femenina, guarda relación en este caso, con
un sentimiento de inferioridad infantil tanto en el hombre como en la mujer.
dicho sentimiento hace que ella valora al hombre y quiera ser como él sin poder
conseguirlo y al hombre le sucede lo mismo. Frente la mujer se siente inferior
y al no poder ser como ella, quiere destruir o aniquilar la visión de la misma
porque la presencia femenina activa el sentimiento de inferioridad en el
hombre.
Se
produce una lucha de “egos” donde ninguno de los dos puede aceptar el sexo que
le corresponde con respecto al otro. Ambos tratan de imponerse al otro porque
ninguno de los dos acepta la diferencia sexual con el otro. Son como dos
parejas, una mujer masculina y un hombre femenino que no logran llegar a
acuerdos simplemente por no aceptar la posición sexual que a cada uno con respecto
al otro le toca tolerar.
Estas
rivalidades necesitan con urgencia un psicoanálisis de la pareja, pues si no se
resuelve esta inmadurez, terminará aniquilando a la pareja.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
