EL
PODER QUE LE DOY AL OTRO. El error mas frecuente o común dentro de la vida de
la pareja es hacerle creer al otro que uno es de su propiedad. Este “poder “ que
le damos a la otra persona sobre nosotros mismos puede llegar a convertirse un
arma de doble filo, pues cuando una persona otorga el poder a otra, acepta su
sometimiento a la misma en varios ámbitos de la vida de pareja. En lo
económico, en el amor y en lo sexual. El poder económico dentro de la pareja
que se asigna a veces a un solo miembro, no deja de ser una autorización a que
el otro maneje el dinero. Con el tiempo, lo que en un inicio fue autorización
con el tiempo puede llegar a convertirse en una dictadura, de manera que lo que
fue otorgado al otro en un primer momento, con el tiempo se convierte en
obligación, en norma. La complejidad del asunto es que cuando le otorgamos el
poder sobre nosotros a la otra persona, deberíamos darnos cuenta que quedamos a
merced de las órdenes del otro. Luego vienen las rivalidades, las peleas, los
maltratos, pero no debemos olvidarnos que si durante años, le hemos dado el
poder al otro, luego es muy difícil quitárselo, ya que la pareja han vivido de
una manera producto de un pacto inconsciente de dos. Deshacer un pacto equivale
a crear una nueva situación dentro de la pareja, por lo tanto supone, otras
formas de vivir o disfrutar. La otorgación del poder da pie a la manifestación
de las tendencias masoquistas y sádicas de la personalidad. Quiere esto decir
que cuando doy poder al otro, es para posicionarlo como amo y yo como esclavo.
De manera que me someto al otro porque me considero masoquista. Y el otro,
puesto por mi en el lugar sádico, ejerce su función dominante o sádica sobre mi
masoquismo. Tanto es así que para comprender muchos aspectos del maltrato
dentro de la pareja, debemos analizar el recorrido de la pareja desde su inicio
hasta la aparición de los síntomas del maltrato. Siendo sinceros consigo
mismos, nos daremos cuenta que tanto el maltratador como el maltrato, ya se
juraron fidelidad de manera inconsciente en el momento donde se hicieron creer
mutuamente que se pertenecían. Este pacto inconsciente conlleva el riesgo de
derivar a fuentes sado masoquistas verdaderas, que pueden deteriorar hasta
grados extremos la convivencia de la pareja. ( CONTINUARA )
domingo, 12 de octubre de 2014
domingo, 21 de septiembre de 2014
¿POR QUÉ RIVALIZAN LAS PAREJA? (II)
La rivalidad dentro de
la pareja debe analizarse desde la
envidia hacia el otro. Un hombre, una mujer-
roles que muy pocas parejas heterosexuales y homosexuales lograr
establecer- se complementan. Cuando hay rivalidad, debemos fijarnos con detalle
en los roles adquiridos y podemos ver
que lejos de haber diferencias entre ellos, lo que no se tolera son las
diferencias. En la vida animal, son las hembras entre ellas y los machos
quienes rivalizan. Llevado a la especie humana, cuando es el hombre el que
rivaliza con la mujer, de manera certera podemos afirmar que lejos de ser
hombre y mujer, son dos mujeres rivalizando. Lo cual nos lleva a decir que todo
hombre que rivaliza con una mujer, es mas mujer que hombre. Lo mismo se puede
aplicar a la mujer. Una mujer que rivaliza con un hombre es porque tiene mas
deseos de ser otro hombre que mujer. Y de esto es la envidia. En el hombre nos
encontramos que la rivalidad hacia la mujer siempre es envidia femenina y la
mujer hacia el hombre, cuando de rivalidad se trata, se haya en posición de
envidia masculina. Cada uno quiere ser el otro pero nunca ser uno mismo. La
rivalidad puede ser en el orden económico y/o sexual. La rivalidad dentro de la
pareja es síntoma de una inmadurez sexual, tanto del hombre como de la mujer.
Este tipo de parejas suelen tener un desarrollo sexual bastante precario e
inmaduro, en el sentido que su desarrollo psico emocional se ha quedado
detenido en etapa tempranas de la infancia, donde los lazos sexuales hacia la
figura de los padres y hermanos perdura actualmente pero de manera
inconsciente.
Una pareja cuyo
malestar está provocado por la rivalidad y el reproche deben llevar a cabo la
terapia por separado, ya que lo que le pasa a cada uno no tiene que ver con el
otro sino con uno mismo.
Recuerdo el caso de una
pareja donde mayormente la que rivalizaba era la mujer, hasta el punto que
comenzó a rivalizar con el terapeuta. Bajo la indicación de ser tratada mejor
por una mujer, ella en su rivalidad denegó la indicación terapéutica. Su mala
respuesta a la terapia era la neurosis que la condenaría al fracaso en pareja
los siguientes años de su existencia. Rivalidad es sinónimo de inmadurez
sexual. ¿Pero qué es la inmadurez sexual?
Una atribución que le
hago al otro sobre algo que tiene y yo no poseo. Y de ahí el afán de competir y
ganar al otro. ¿qué puede tener él que ella no tiene o que tiene ella que él le
atribuye y a él le falta?. Una pareja que rivaliza, debe comenzar su
psicoanálisis. La sexualidad se madura conociendo las causas inconsciente que
la determinan como inmadura.
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domingo, 14 de septiembre de 2014
SOBRE UN CASO DE MULTIPLE INFIDELIDAD
Llega a consulta una pareja joven. La mujer llorando expone que es
la tercera vez que le es infiel a su marido. Las anteriores veces fue perdona
pero esta última vez ha sido con alguien conocido. Ella reconoce tener un
problema pero no sabe cual. El hombre no entiende cómo ella teniendo todo,
acaba por tener relaciones con terceros. La impresión visual que producen llama
poderosamente la atención. El marido es callado, sumiso, obediente a todo. Su
apariencia es la de un niño. La apariencia de ella es fuerte, siempre se hizo
cargo de todo y tiene afán de controlar y ejercer su mandato también sobre el
marido. Tienen un hijo común. Se puede apreciar que ella lo maneja a él y si
llora es por hallarse bajo un penoso sentimiento de culpa mas que por haberle
sido infiel a él pues si no hubiera sido descubierta por él, ella habría estado
tranquila. El marido se sorprende de la frialdad de la mujer. ¿Cómo puede venir de acostarse con un hombre
y a continuación acostarse con él.? La respuesta guarda relación con el deseo.
La mujer ama al marido pero no le produce tanto deseo como otros hombres. El
marido es blando, aniñado, le falta energía. Los hombres con los cuales ella
mantuvo relaciones son hombre enérgicos, decididos que no se andan con
contemplaciones como si el marido. La vida sexual la mantiene con terceros y de
vez en cuando con el marido, con quien mantiene su vida amorosa. Si él la
perdona es porque ella para él ocupa una posición maternal. La mujer decide
tratarse para hallar la raíz de lo que dice ser su problema. Sin embargo, ella
termina llevándoselo a él un fin de semana fuera, lo calma y de esta manera todo
vuelve a la tranquilidad, hasta la próxima infidelidad que ambos no saben que
va a volver a suceder pero será certera. En las dos sesiones que tuvieron se
puedo ver un complejo materno filial
dentro de la pareja, donde el deseo de ella hacia el marido brillaba por
su ausencia. La culpa que la mujer experimenta es por su moral represiva pues
algo de su deseos no tolera porque pone todas las pistas para ser descubierta.
domingo, 24 de agosto de 2014
QUEREMOS SEPARARNOS PERO NO PODEMOS
Acude a consulta una pareja. Llevan juntos toda la vida. Ella
nunca conoció hombre ninguno que no fuera él y él no conoció mujer alguna salvo
ella. Desde hace dos años, viven en permanente discusión. Están insultándose
todo el día. El plantea la separación. Llegan a divorciarse y aunque hay
distancia entre ellos, no pueden separarse. Él sostiene la neurosis de ella por
culpa y ella le da lo que él la pide. Hay una situación de por medio que no
logra cerrarse. No llegan a acuerdos ni en la educación de los hijos ni en la
parte económica. El discurso de los dos es idéntico. Otros especialistas dicen
que cada uno se mantiene en su postura pero el psicoanálisis detecta otra
cosas: ambos mantienen la misma postura para que siga habiendo relación entre
ellos. La separación podría haber sido rápida pero la unión entre ellos muestra
que son dos en uno. Veinticinco años de relación son una construcción que no
puede deshacerse ni en uno ni en dos años. Ella quiere terminar y él también
pero ninguno de los dos puede abandonar la relación que tanto dolor les ha
dado. Cada uno maltrata de si la parte
que ve en el otro. Como un juego de espejos, donde lo que veo en el otro es lo
que soy. Nadie puede intervenir sobre dicha separación porque les es muy
difícil separar en dos lo que es uno solo. Ambos insisten en terminar con la
situación. Sin embargo la insistencia del odio, del rencor hace sospechar que
tras sentimientos tan agrandados es que algo no se quiere abandonar. Ella no
tiene poder, él se lo otorga. El no tiene poder, ella se lo da. Ninguno está
dispuesto a ceder en el goce cuyo dolor lo produce la relación de los dos. Una
mujer así, un hombre así, construidos año tras año, son difíciles de
reemplazar, de ahí que ninguno pueda apartarse de su obra creada. La pregunta
es hasta donde quieren llegar.? Un mas allá del dolor para seguir manteniendo
el dolor. Un alargar la agonía para embargar los próximos años en una fuente de
dolor permanente que les siga proporcionando ese goce. ¿Destrucción? Ante los
ojos de cualquier especialista se hablaría de maltrato, de ruina. Sin embargo,
el inconsciente de las personas, no piensa, no juzga, no calcula. Nadie puede
comprender que lo que él dice querer dejar lo que sigue desando y ella dice no
querer perder lo que tanto odia. Una lectura psicoanalítica, permite el
entendimiento de las crisis de pareja desde otra perspectiva, la perspectiva
inconsciente, donde lo más absurdo, loco o inverosímil, es del orden de lo
posible.
domingo, 27 de julio de 2014
LA AGRESIVIDAD EN LAS PAREJAS
“Llega
a consulta una pareja. Llevan juntos casi dos años. Han entrado en una profunda
crisis y se plantean la separación por los niveles de agresividad a los cuales
han llegado. Ella refiere que él la contradice en todo y él dice que ella trata
de imponer siempre su razón. Llegan a discutir por lo más vano. Hasta el modo
en dejar un vaso sobre la mesa sirve para producir una discusión. Después de
llegar incluso a empujarse, terminan calmándose. Ella llora y él no comprende
por qué han llegado a esta situación.
En
la primera entrevista con la mujer, comenta que él viene de una separación y piensa
que eso siempre ha influenciado en la relación, porque cree que él la compara
siempre a ella con su exmujer. El chico comenta que quien empieza las
discusiones siempre es ella y no entiende cómo acaba discutiendo si él no
quiere discutir pero que ella pone el “capote” y él “entra al trapo”
La
mujer relata que con el padre y sus dos hermanos siempre ha tenido
enfrentamientos, que son machistas y siempre han tratado de imponerse a ella y
que desde muy pequeña tuvo que callarse y aguantar el modo en que trataban a
ella, a su hermana y a su madre. Dice que no quiere que su futuro marido se la
imponga y por eso salta a la mínima. Sin embargo, el psicoanalista escucha que
en algo ella defiende la posición del padre y de los hermanos pero no lo sabe.
De manera inconsciente busca la pelea, el sometimiento para revivir lo que en
un momento dado le dio un goce masoquista pero no lo sabe. Ella produce
agresividad en la pareja para reproducir de un modo inconsciente aquello que
vivió sin saber que vuelve a repetir. Sin saber que repite.
Le
señalo si no habrá envidia a la figura masculina. Comienza a molestarse conmigo
y empieza a discutir en consulta del
mismo modo como discute con el marido, con el padre y los hermanos. Le
comento que es algo que le pasa con la figura de los hombres cuando empiezan a
ser importantes para ella.
Hay
por lo tanto un incipiente masoquismo moral que le hace atentar contra lo que
ama y simultáneamente recibir un castigo por la culpa que siente pero ella no
lo sabe.
El
marido no puede entender qué le lleva a ella a querer enfrentarse a él
permanentemente. Reconoce que le pasa igual con los hombres de su familia. Y
sigue sin saber porque acaba entrando a lo que “ella le pide” pero él acaba
agrediéndole. La pone la horma a su zapato. El de un modo inconsciente le da lo
que ella le pide, porque la ama aunque luego se arrepienta.
Hay
una lucha de egos, ella siente vive con cuatro hombres- su marido y sus tres
fantasmas infantiles- . Pero él no tampoco sabe que frente a ella es un hombre
rivalizando. Es una relación de espejo. Para ella, son cuatro hombres, para él
es un hombre. Digamos que su agresividad se impone porque tratan de ser para el
otro lo contrario de lo que deberían ser. Son más una pareja de homosexuales
que de heterosexuales. Ser diferentes, aceptar que ella no es él y que él no es
los otros les enfrentaría hacia las diferencias sexuales, por lo tanto
entrarían en el registro de la heterosexualidad, por lo tanto de la mortalidad.
Un más allá de su familia, un más allá de lo eterno a lo que ambicionan ambos
pero que no les sirve a ninguno de los dos.
Lo
que no toleran es ser hombre y mujer que es lo que verdaderamente produce
agresividad.
Una
mujer-hombre, se enfrenta a la intención del otro hombre-hombre en la
comunicación verbal.
En
la pareja la agresividad se desencadena
1.-
Frente a la imagen del otro. El otro hace de matriz reflexiva, muestra un
recuerdo, una frase, lo que llamamos un fantasma afectivo y desde ahí se
dispara la agresividad con ánimo de eliminar lo que de mi, él otro es mi reflejo. Veo réplicas de mí
mismo. Y de ahí lo rechaza, lo quiere agredir, lo que es imagen de sí mismo.
2.-
Frente a la envidia masculina en ella.
3.-
Cuando la imagen del otro es un recuerdo de lo que fui, de lo que soy, del
padre o de la madre nutriz.
4.-
Frente a los celos que supone la imagen de no completud del otro, es decir, su
no pertenencia.
5.-
Frente al narcisismo de las pequeñas diferencias.- las correcciones, las
opiniones, la falta de humildad, la aceptación del error, etc-
6.-
Frente al narcisismo de no reconocer el bien o el goce que el otro me
proporciona. Es del orden de la no aceptación. De la ingratitud.
7.-
Agresividad con darle una posición al otro tanto a la hora de someter como la
de ser sometido. Son las relaciones del orden del sadismo y masoquismo. De la
dominancia y de la dominación.
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