Cuando nos juzgamos a nosotros mismos, desde la figura
del superyó o ley moral, terminamos sancionándonos, es decir, bajo el
sojuzgamiento, siempre impera la Ley moral del superyó que hace a la persona
acatar su castigo.
Una manera de ver o valorar o medir nuestra relación
con el superyó, es mirando nuestro grado de bienestar en la vida o de
felicidad. ¿Significa esto que todo malestar o carencia en el amor, el dinero,
la amistad, lo social, lo familiar está regido por el superyó? Duele decirlo
pero es la verdad.
La conciencia moral es un termómetro para medir
nuestro grado de bienestar o malestar ante la vida. ¿Qué es el bienestar o el
malestar? Simplemente el tener o no tener “el alma tranquila”. Una persona con
el alma –conciencia- tranquila, es más feliz, tolera más los triunfos, las
ganancias y hasta los obstáculos que toda vida tiene. Sin embargo, hay una
relación íntima entre el malestar y el encadenamiento al dolor que el superyó,
utiliza a favor y en contra del sujeto. Nos hacemos golpear por nuestro
superyó. Simultáneamente esto produce un alivio a la culpa que sentimos por
participar de pensamientos, palabras u obras en acciones o deseos, los cuales
producen un reproche su existencia en nuestro interior. Lo verdaderamente
impresionante, es LA MEZQUINDAD DE LAS PERSONAS. Absolutamente todo lo que
hacemos y lo que no hacemos, todo lo que triunfamos y todo lo que no
triunfamos, se lo dedicamos a alguien. Todo éxito y todo fracaso, todo lo que
no hacemos, lo que no damos, lo que no entregamos, lo que no producimos, lo que
no amamos, lo que no ganamos, etc, etc, llevan una tarjeta de presentación, con
dedicación, dirección, nombres y apellidos.
Lo mezquino es que pudiendo amar, no amo. Pudiendo
ganar más no lo gano para no compartirlo. Pudiendo ser tolerante, generoso,
humilde, no lo soy. Y todo, por mezquindad. Las personas, somos muy mezquinas.
Preferimos la ruina emocional y económica a reconocer que somos egoístas,
ingratos, narcisistas, arrogantes y deshacernos de todos estos sentimientos
infantiles que nos terminan rompiendo la vida y que una vez rota, empobrecida y
arruinada, somos capaces de decirnos: me lo tengo merecido.!! ¿ Crees que tu
falta de felicidad no te la tienes merecida? Revísate y con humildad, verás,
que los obstáculos a tu felicidad, los has construido tú. ¿Eres de los que
tiras la pelota siempre fuera de ti, hacia los otros? Si eres de estos, lo que
se te avecina en la vida, es mejor que ni lo pienses, porque vas a sufrir. Pero
en el sufrimiento, hallarás la calma. ( Continuamos la próxima )
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